lunes, noviembre 12

Imposible. No hay nada.

¿Cuántas veces a la semana se ríe la vida de nosotros? 
Cuántas veces puede permitirse el lujo de colocarte en la cola de la compra al mismo tiempo que aquellos ojos cobardes. Que aquel peculiar hoyuelo en la barbilla.

Cuántas veces la vida te hace la broma de hacerte temblar.
De morirte por un amor que mató, pero que no murió.

Volvemos a reír por no llorar, volvemos a tropezar con una piedra que estaba fuera del camino.
Y todo como en las películas; que te escriban una carta sin fin, que te acompañen a casa una noche de diluvio universal, que el paraguas se haga pequeño mientras pienso que el paseo se ha hecho corto.
Que no encuentre rincones iluminados, que se escape el alma por el hueco que hay debajo de la nariz.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste, yo no quiero contigo ni sin ti. 
Ni entiendo ni quiero entender qué diablos pasa con mi suerte, que diablo guardo bajo el costado, que momento trágico me toca ahora probar.




Yo no quiero un amor civilizado, con recibos y escenas de sofá, yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado con ganas de llorar. Yo no quiero cargar con tus maletas, yo no quiero que elijas mi champú, yo no quiero mudarme de planeta, cortarme la coleta, brindar a tu salud. Yo no quiero domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín. Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí






Y es que, al fin y al cabo, todo es culpa de la misma ciudad aburrida del primer día.
pongamos que hablo de Madrid. 

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