En un avión caben millones de historias.
Quizás algunas hablan de propuestas, quizás futuro y alguna que otro pájaro en la cabeza. Quizás otras ansían un poquito más. Un empujoncito que te haga precipitarte por el lado correcto de la balanza.
Quizás probar el orden. Hacerse al juego, inclinarse un poquito a tu derecha. O puede que a la izquierda, donde no sea correcto. Podemos hablar de historias corrientes, como las que empiezan un viernes. Y que continúan con una de tus sonrisas. De esas que no me cansaría de gastar.
Hablaríamos de las ganas de un beso. Por que no lo se tú. Pero sabes que si dices venga, yo digo vale. Pero no se nada de ti. O perdón, sabía.
Por que guardaré esas ganitas de ti en un tarrito en el lado más recóndito de Bournemouth donde agarraste por milésima vez mi mano.
Again, please. You’re coming next to me.
Por que en un avión cabe un plan organizado. Y por qué no, el desánimo de esperar algo, y no llegar a él.
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