lunes, agosto 1

Flechazo es su nombre.

Ella no conocía de casualidades cuando se abandonó a un mal tiempo y largas semanas. Cuando se dejó llevar. Y así, como quien no quiere la cosa, le conoció. Con dos palabras en cada mano, porque su cara estaba demasiado ocupada entre una sonrisa. Dos puertas, y un metro entre ellos.

DOS VIDAS HICIERON FALTA PARA CONVENCERLA.
De que hay vidas. Pero una en concreto se le había perdido. Una que parecía importarle más de lo importante. Una, que una vez que la miró, se dió por aludida y se largó. Por que ella, mi querida ingenua, se lanzó de tripa para vivir de las casualidades. Pero solo para volver a verlo a él.
A él y a ese peculiar brillito sobrecogedor que se le escapaba cuando le daba por reír.
Quizás, encontrarlo de nuevo. Y esperar de pie, no sentada. Pasar una y un millón de veces más por aquel pasillo. Aunque espere a volver a encontrarme con él en mis sueños. Por que sí, amigo;

La vida, si no te enseña lo puta que puede ser jugando con las casualidades, no es vida.



Y para que me entiendas mejor, y quien sabe, entenderme a mí misma;desde ese momento me declaro enamorada de los holluelos en la barbilla.

COMO EL SUYO.
H.

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