miércoles, septiembre 15

Es fácil, si me necesitas, silba.

Tengo una pizquita de purpurina pegada a la piel de mi brazo.
Resultado de una tarde consumida a propósito sobre un colchón abandonado y una caja llena de recuerdos.
Y qué recuerdos, señor.

¿Tanto he cambiado? Ahora intento jugar, y no me llega la imaginación. 
No me basta, no es suficiente. Es como si no la creara ya.
Me frustro, con verguenza, y me rindo.  
Pero lo peor, es que esos tiempos se esfumaron sin darme cuenta. 
Aún creía que los tenía en la mano, a mi alcance. 
Y no, cuando la curiosidad volvió a picarme, esa época había puesto un  THE END. 
¿Qué me habrá hecho cambiar?

Era una niña. Simplemente, una niña. 
Algo que nunca más seré. 

Tantas cosas que no conté...
♥. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario