martes, septiembre 14

Asquerosa arrogancia.

¿Por qué solo se me ocurre pensar, ‘tengo yo la culpa’?

Y a veces, por mucho que te convenzas, que te digas una y mil veces que la vida sigue, que todo es pasajero, que hay cientos de cosas hermosas por venir, te quedas parado.  

Ahí, mirando la nada.
Dándole vueltas a lo que en verdad ya no tiene otra forma.
A algo, que simplemente sigue flotando y existiendo en tu estúpida mente, sin forma de sacar de ahí.
Nada.

En verdad, eso es lo que importa.
NADA.
Vive para morir. Muere, por haber vivido.
Y lo demás, lo demás tiene la importancia que tu quieras darle.

Viviré por desaparecer. Por ser la persona que hoy no soy, pero que un día llegare a ver.
Esto lo digo después de haberme tragado tres Callejeros Viajeros de Malta, Sicilia, y San Francisco.
Lugares tan diferentes, pero a la vez tan increíblemente iguales.
¿Por qué? ¿Qué tienen de igual?

Que los tres me han hecho suspirar de las ganas que les tengo.

Por qué los humanos lloramos, entonces?
Que miedo me da llorar.
Porque cuando lo hago, me siento sola.

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