jueves, julio 15

LahistoriadelamanteGuisante,(:

Húbose una vez, siendo tomado por un asteroide que surcaba los cielos en su lanzadera dorada, un pequeño y verdecito Guisante recorría con la mirada todas y cada una de las estrellas palpitantes de la Vía Láctea soñando con poder estar allí algún día.
El amante guisante era tan pequeño como un garbanzo, con traje verde verdura, casco plata y con unos grandes y despiertos ojos, que acompañaban a una sonrisa diminuta en comparación. Guisante dejaba que su capa de superhéroe diera volantazos con el aire de una noche de Otoño para que los interesados que levantaran la cabeza distinguieran las palabras ‘te amo’ escritas en luces de neón.
Guisante era un romántico, héroe local, de los que te observan desde lo alto de una nube de las blanditas algodonadas, como si fuera un ángel de la guarda, de esos que te cuentan mil y una historias y te hacen reír mucho, mucho hasta que te duele la barriguita. Y por eso, y sin poder explicártelo, el se había quedado colgado de sus bucles almendra, su piel melocotón y de su diminuto y a simple vista invisible hoyuelo en la mejilla derecha. Y que solo él podía adorar.
Eso sin hablar del lunar que ella tenía en un sitio muy secreto, que solo lograban descubrirlo los más afortunados, como él. Pero ella no lo sabía.

Guisante era amante sin ser amado. Pobre Guisantillo. :(

Y en aquella esquina de su cama, Guisante la observaba.
Y en sus mejillas verdes se dibujaban las ganas que le tenía.
El amante Guisante también los observaba a ellos, a todos, y últimamente y con más frecuencia, a ese chico rubio que la miraba con las mismas ganas que Guisante.
Quizás el fuera el adecuado. Pero aún así, no podía evitar sentirse celoso.
Y del color verde se cambiaba al azul de la pena.
Y el pobre y solitario Guisante los miraba. Observaba como Daniel se comía a diminutos y suavitos besos a Blanquita. Y los volvía a mirar con pena, y una profunda envidia.


- Ya nadie nota un guisante en la cama.

Suspiro.

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