Su desnudo es una segunda piel. Tiene escamas hasta debajo de las pestañas, y por las noches en las que el frío es mayor que las ganas de abrazarte, le cuesta respirar. Casi le cuesta vivir.
Aún se pregunta por qué le dejó. Intenta resolver el mundo, pero se ahoga con una botella de cualquier alcohol barato y medio revolcón. No le sabe a nada, no le sabe a nadie, solo a ti.
Sabe que no es tarde.
Todavía no. No es tarde para chocarse con algún extraño por la calle que le diga entre sábanas de algodón: Hoy serás mi huracán.
No es tarde. Aún es de día.
Aún no se ha olvidado de esperar.
Es como morder a la paciencia. Es ese nosequé, es como estar esperando algo que sabes que no va a llegar. Es convencerte de que agosto es eterno, y en realidad septiembre ya está tocando a la puerta y armando jaleo. Y tienes la certeza de que el no volverá.
Es dejarse morir por los kilómetros.
En verdad tú eres kilómetros. Tú eres tiempo. Tú ya no existes.
Aún se pregunta por qué le dejó. Intenta resolver el mundo, pero se ahoga con una botella de cualquier alcohol barato y medio revolcón. No le sabe a nada, no le sabe a nadie, solo a ti.
Sabe que no es tarde.
Todavía no. No es tarde para chocarse con algún extraño por la calle que le diga entre sábanas de algodón: Hoy serás mi huracán.
No es tarde. Aún es de día.
Aún no se ha olvidado de esperar.
Es como morder a la paciencia. Es ese nosequé, es como estar esperando algo que sabes que no va a llegar. Es convencerte de que agosto es eterno, y en realidad septiembre ya está tocando a la puerta y armando jaleo. Y tienes la certeza de que el no volverá.
Es dejarse morir por los kilómetros.
En verdad tú eres kilómetros. Tú eres tiempo. Tú ya no existes.
Hoy me he despertado a las 18:35. Me he despertado de un sueño.
No era de esos sueños que tienes cuando estás dormido, sino de esos que viven contigo mientras vuelas despierta.
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