"Lo que recuerdo de ella no era que siempre llegase puntual o que lavase a mano el mantel de la mesa del
comedor, no. Tampoco sus camisillas de lunares casi translúcidas. No era el reloj de cuco que tenía en su habitación y que cacareaba con apremio cuando miraba su etérea figura dormida por las noches. No era su aire distraído de quien no está allí, de ave que se escapa volando. Ni la tristeza que emanaba su piel en los momentos en los que se dejaba ir. No era nada de esto lo que se me quedó grabado en la memoria como si a fuego hubiera sido impreso. Lo que me enamoró fue su pelo. Todo lo demás lo podría olvidar en un instante, con un chisquido, como si por un golpe fuese, seco, sencillo. Ella era su pelo. ¿Alguien me comprendería si no lo viese? ¿Cómo enamorarse de algo que no has podido tener cerca de vos? Ella era su pelo. Su pelo era magia. Su magia me arrastraba por las noches a rincones y esquinas entre sus brazos. Sus brazos me arrullaban, me hacían hacer amor"

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