domingo, julio 22

Delirio.

Esta soledad es un delirio. Un paño frío que te recorre el alma sin piedad alguna, con una transparencia lúgubre y helada. Esta soledad tiene dientes, sabe donde posarse para dejarte las marcas del desazón. No conoce nombre, ni tiempo ni espacio. Pero esta soledad está viva.
Aquellos que abandonan la conocen. Aquellos que se frenan en el curso del momento, aquellos que renuncian a la oportunidad.
Los que esperan, los que se demoniman a sí mismos contempladores.
Aquellos que pierden el ímpetu de decidir, los mismos que corren el riesgo de no encontrar a nadie una vez que vuelven tras haber abandonado.
Son aquellos que enseñan a los demás a esperar, aquellos que sin remedio, y sin apenas un resquicio de remordimiento o pena alguna, delegan en el siguiente contemplador el mismo delirio de soledad.

(Sin embargo, siempre acaban rebuscando motivos para olvidar el porqué de la espera)

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