viernes, junio 22

Vivre, ce n'est pas se trouver, c'est se créer.

Cuando algo se acaba, queda un hueco lleno.
Lleno de canciones, de días, de alegrías, de llantos, de recuerdos, de algún que otro regalo.
Queda un hueco muy profundo que se llena con ausencias.
Dicen que los cambios siempre son a mejor, que cuando se acaba una etapa comienza otra que marca un nuevo camino. Dicen que no hay que llorar por eso. O sí.
Sin embargo, en esa etapa pasada siempre queda algo que se resiste a poner el punto y final.
Siempre hay personas con las que tropiezas a medio camino, momentos o algo que, aunque sea pequeñito, te impide acabar.
Por eso siempre queda algo (o mucho) de esos momentos y esas personas en nosotros, aunque se acabe. Aunque te despidas. Aunque ya nunca vuelva a ser igual.
Somos todo esto, todo lo que hemos pasado, lo que nos han enseñado.
Somos un pasado que a veces, solo a veces, teme a un incierto futuro. Y ahora no es menos.

Pero, como me ha dicho, esto no es un adiós, es un hasta luego.
Es como una canción cuando se acaba, hay veces que no te la puedes sacar de la cabeza.

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