miércoles, enero 18

Nunca pensó que en una simple servilleta de bar pudiése caber tanto rencor.

Hola. Sí sí, hola.


Había pensado contarte que.. a veces grito. Me da verguenza decírtelo. Pero quiero que sepas que en ocasiones, lo hago. Son en esos momentos cuando me acuerdo de ti. Cuando no tengo otra cosa mejor en que pensar, que en ti. Pero esos instantes duran solo eso, un instante. Lo que tardo en tragarme un pelín de aire que después vuelvo a expulsar en forma de grito. Pensarás cosas raras sobre mí cuando lo asimiles. Quizás no te lo dije nunca, eso es lo más interesante. Por que en ocasiones, lloro. Pero eso no te lo contaré jamás, por que me da verguenza. Y soy un tonto, un completo idiota, otra vez. Por que no puedo evitar acordarme de tus últimas palabras antes de echar a andar escaleras abajo y no mirar atrás. No lo detuve, lo sé. No te detuve. Ni siquiera fui consciente entonces, ¿cómo voy a serlo ahora? Todavía me acuerdo, corazón. De mí, tartamudeando milésimas de segundo antes de comprender que lo que significaba esa indescifrable sonrisa que habías inventado días atrás no era otra cosa más que un ensayo de despedida. Fui lento, lo acepto. Pero todavía me acuerdo de tus ojos brillando, y me engaño pensando que quizás te costó un poco dejarme. Quizás quisiste llorar, como yo. Pero me acuerdo de tí. De ambos, del mejor esbozo de historia, de tí, de mí, de cómo y sin explicación, cuando lo único que pretendíamos era mirarnos, acabábamos unidos por los vértices. De cómo, dos amantes sin futuro que lo único que podían prometerse eran palabras, estaban tan vacíos. De cómo te encontré. Tuve vértigo desde tu mano. Desde ahí, las cosas se veían desde otra perspectiva. Aquellos tiempos todavía me parecen cercanos, pero esto tampoco te lo diré jamás.
Lo siento. Siento si te quise algún día extremadamente. Si te lo dije, ahora te aseguro que mentía. Pero no sabrás que también miento en esto, Madelaine.
Te escribo aquí, por que había pensado sincerarme y contarte que a pesar de todo ya no te quiero. Y que incluso, hay veces que sonrío.
Pero tú no eres la que está ahí para verlo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario