jueves, enero 12

Construirse a sí mismo.

Ni una, ni otra cosa.
Ni es que esté segura, ni que todavía no lo sepa.
Pero, ¿Y ahora qué?
Como esa persona que no se preocupa, que sencillamente y sin problema prefiere dejarse llevar y tomar la primera opción y más sencilla.
O como esa otra, que prefiere darle vueltas y vueltas a la cabeza buscando esa idea aproximada de persona en la que se quiere convertir.

Que yo ya tenía mi idea, aunque fuese la fácil. Que ya había decidido en qué convertirme.
Pero un día llegas y te das cuenta de que esa idea no te gusta absolutamente nada, que nunca ha sido la que tú querías.
Y siempre es la misma historia. Todo se desmorona.
Por que ahora no es la tonta decisión de qué ponerse el sábado, o ese sin sentido problema entre amigas que ya no se miran. No, ahora es mucho más serio, ahora estamos hablando de quién quiero ser. Es la cuestión de convertirse en esa persona por la que estar orgullosos, o no.

Y bien, yo sé lo que quiero, pero, ¿y si al final me equivoco y no me sirve para nada? No es tan sencillo. Pero tampoco lo sé, y si no lo intento, no lo sabré nunca.

Ya he localizado el núcleo del error, donde está el pequeño problema.
Qué es eso que me da miedo.
Es, sencillamente, decepcionar.
Decepcionarle a él.

'
Nada es eterno. El café se enfría, el humo se disipa, el tiempo pasa y la gente cambia


Tengo dos opciones.
Pero, ¿sabes qué te digo? Que le den a todo esta tarde, que yo me voy a poner a ver Amélie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario