Me enamoré, de un tipo que parece tonto, y no lo és.
Y aunque lo sabía, ella no miró el suelo. Se llenaba hasta arriba de cafés cargados desde abajo,y se pintaba la sonrisa con el carmín rojo recién estrenado. Ella quería ser invisible, aunque en el fondo tampoco quería. Y así, pasaban los días.
Diciéndose a sí misma que se le habían perdidos las ganas. Las de todo. Y las de nada. Las ganas de tí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario