miércoles, septiembre 8

Recuerdos estrujados sin un quizás. Pero como una tonta, vuelvo a ponerme nerviosa.

- Lo siento. De algún modo u otro sabes que tiene que haber un fin. ¿Porqué no ponerlo ahora?
- ¿ Por qué?
- Sé que lo sufrido esta ahí, y no desaparecerá. Pero nunca es tarde para evitar sufrir un poco más.
- Sé que sientes algo. No lo puedes negar, no, no a mí.
- Lo sé. Pero también se olvidar. No puede ser tan complicado, ya lo hice una vez.

Supongo que yo también me merezco que alguien me quiera simple y exclusivamente a mí.
Sin ningún tipo de límite, quererme de verdad, con todas las responsabilidades y sin problemas insignificantes.
¿No?
Además, todo acaba. Alguna vez. Sobretodo algo con tan poco futuro ni posibilidades.
Algo tan simple.


Fuera, el bruto viento hace acto de presencia al chocar contra las paredes ennegrecidas.
Está enfadado, no digas que no.
Y yo estoy aquí dentro, evaporando el rato con cosas sin sentido sobre la cama.
Un lápiz de ojos nuevo, una concha de playa sobre la mesita de noche, ese libro azul que más de una vez me ha hecho llorar…
Pequeñas cosas que marcan la diferencia de estar aquí a estar allí.

Y sin explicación, de verdad, no hay explicación.
¿Pues cómo me explicas que sienta el bruto viento acariciar un trozo de mi espalda?
Piensa. El viento está fuera. Y yo, en mi mundo.

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