Oh, arena de sal, te largaste sin avisar…
Ella se columpia en su balanceo de fresas, como si fuera su día perfecto. El limón por sol le lanza amargos destellos, y la hacen toser. Arruga su carita, hasta que las lágrimas del cielo caen sobre ella al haber cortado una cebolla.
Já! Ahora no dirás que estoy loca.
Ella se vuelve a columpiar en su balanceo de fresas, y deja escapar sonrisas que sacan pies y se escapan de su boca. Salen corriendo, para hacer reír a otras personas.
Anda, que haber nacido para criar sonrisas...

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