martes, abril 24

I

Todo gira en torno a un picor en la nariz.


Una mañana, como niña que era, se echó a llorar. Y lloró, lloró. Las calles se ablandaron como el papel mismo. El mundo ya no era visto por sus ojos, estos solo veían agua. Agua salada.
Y lloró. Un solo sollozo bastó para comerse todas sus palabras. Los colores, todos, de la pared, del suelo, e incluso de los caramelos de sabores de su bolso, todos ellos, se habían borrado con tanta agua. Incluso una de sus mejillas acabó acatarrada, pero no se quejó de ese fresquito salado. La calle se inundó, su habitación se agitaba como las olas del mar en pleno invierno. Solitario, sin que nadie le quiera ir a visitar.
'Ya iré en verano, cuando el sol pique', decían los niños.
Y lloró, lloró. Creo que no paró. Creo, pero no me hagas mucho caso.



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