sábado, febrero 11

Abrazoterapia.

Hay abrazos. Y abrazos.
Algunos envuelven y te hacen sentir diminuto.
Abrazos que te rompen los esquemas, otros que te hacen aterrizar.
Hay abrazos que son secreto, otros que son desliz.

Abrazos complicados de dar, pero que son más dificiles de terminar.
Abrazos que se pueden dar a dos pasos y están a años luz.
Abrazos que pueden conseguir que te abandones.
Abrazos que se guardan en el último cajón y bajo llave para que no se escapen.

Abrazos que valen más que cualquier sábado entre una botella de vodka y un paseo a tientas por las calles.
Otros que en un primer asalto no dicen nada, pero al segundo ya empiezan dando guerra.
Otros que te hacen tiritar y pueden enfriar una ciudad.
Hay abrazos guarros, abrazos sin componer.
Abrazos de domingo. Otros que saben a olvido.
Abrazos que son piel para que los toques.
Abrazos que destrozan y te dejan en ruinas y sin una excusa.
Abrazos que apenas empiezan a comenzar cuando ya han terminado.
Algunos que van a matar y mueren en el intento.
Abrazos que son ironía, manos, locura.
Otros que apuestan que te van a poder y consiguen derretirte.
Unos que escriben un principio y son introducción, otros que fijan el final.
Abrazos por los que no pasa el tiempo y se convierten en casualidad.
Abrazos que son como huracanes. Pasan, arrasan, y se van.
Pero los más bonitos son aquellos que te regalan ese trocito de algo que te falta.

Hay personas que abrazan; otras que son abrazadas.
Personas mágicas. Otras que intentan serlo.
Personas que dan abrazos con magia, y personas entre las que existe magia aunque no se abracen.


'Es de todos bien sabido que cuatro abrazos al día son necesarios para sobrevivir, ocho para mantenerse y doce para crecer como personas'.

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