Érase una vez dos desconocidos.
Él.Chico de carrera con veinti-largos y fumador a ratos importantes. Asqueado de la vida pero con sonrisa firme. Vida interminente con más de una locura de sobra. Palabras firmes, de las que pueden derribar montañas. Iniciativas para una vida que se le habría a cada paso. Sensato hasta la médula, honesto sin explicación. O como él diría: un tío cojonudo. Con casi media vida gastada en busca de unas sábanas en las que no pasar frío. Pero despacito y con calma, que las prisas no son buenas.
Ella.Bonita muchacha de frágiles mejillas y cientos de historias en sus ojos verdes. De pestañas inmensas de las que alcanzan y tocan las estrellas. Valiente por pasión, luchadora por vocación. De esas pocas personas que no les hará falta dos vidas para saber que nunca hay un por qué. Corazón solitario, buena gente con la gente. Soñadora a ratos libres, que no eran muchos. Conoció el mundo a través de aguja, una máquina de coser y más de un disgusto. Obsesa de su música, declarada enamorada sólo del rubio de sus Modern Talking. Ella, más bonita que ninguna, tenía a la peña de pie.
Llevaban media vida probando y no acertando, arriesgando y equivocándose.
Viviendo la vida al límite, pero sin cruzar la raya. Siendo más de rotos que de descosidos. Sintiéndose corazones a intemperie que se niegan a respirar por si les falta el aire.
Y sin querer, les pasó. Un 24 de Diciembre.
Ella con su bufanda roja preferida y él mirándolas a todas a los ojos.
Se miraron por primera vez, y sí, se vieron.
Y a él se le acabó mirar las demás faldas mientras se colgaba del verde de sus ojos.
- ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?
Juntos hicieron mucho, pero eso sí, juntos. Y aunque lleguen malos tiempos, ganas de chillarse mutuamente y problemas que no se inventan pero se experimentan; aunque no haya forma de enderezar nuestros defectos e incluso se nos caiga el mundo encima, esto queda aquí, en familia.
Él.Chico de carrera con veinti-largos y fumador a ratos importantes. Asqueado de la vida pero con sonrisa firme. Vida interminente con más de una locura de sobra. Palabras firmes, de las que pueden derribar montañas. Iniciativas para una vida que se le habría a cada paso. Sensato hasta la médula, honesto sin explicación. O como él diría: un tío cojonudo. Con casi media vida gastada en busca de unas sábanas en las que no pasar frío. Pero despacito y con calma, que las prisas no son buenas.
Ella.Bonita muchacha de frágiles mejillas y cientos de historias en sus ojos verdes. De pestañas inmensas de las que alcanzan y tocan las estrellas. Valiente por pasión, luchadora por vocación. De esas pocas personas que no les hará falta dos vidas para saber que nunca hay un por qué. Corazón solitario, buena gente con la gente. Soñadora a ratos libres, que no eran muchos. Conoció el mundo a través de aguja, una máquina de coser y más de un disgusto. Obsesa de su música, declarada enamorada sólo del rubio de sus Modern Talking. Ella, más bonita que ninguna, tenía a la peña de pie.
Llevaban media vida probando y no acertando, arriesgando y equivocándose.
Viviendo la vida al límite, pero sin cruzar la raya. Siendo más de rotos que de descosidos. Sintiéndose corazones a intemperie que se niegan a respirar por si les falta el aire.
Y sin querer, les pasó. Un 24 de Diciembre.
Ella con su bufanda roja preferida y él mirándolas a todas a los ojos.
Se miraron por primera vez, y sí, se vieron.
Y a él se le acabó mirar las demás faldas mientras se colgaba del verde de sus ojos.
Juntos hicieron mucho, pero eso sí, juntos. Y aunque lleguen malos tiempos, ganas de chillarse mutuamente y problemas que no se inventan pero se experimentan; aunque no haya forma de enderezar nuestros defectos e incluso se nos caiga el mundo encima, esto queda aquí, en familia.


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