miércoles, septiembre 7

Me volvería a aquellos días en los que me veías, y temblabas.

Y en un momento determinado, no sé como ni por qué, sentí su mano colgada de la mía.
- Yo siempre permaneceré aquí. Dijo.

Millones de luces a kilómetros luz de allí, sin ganas de brillar. Por que a través de tu risa la vida me pide perdón. Y seguimos con unas ganas revoltosas, escribiendo en servilletas cosas que nunca verás.
Pero que debí haberte dicho.
Yo no sé tú, pero a mi se me quedaron clavadas en la garganta. Cinco palabras y los restos de un vodka amargo, que entró sin pensar.
Sigo sin saber, pero ya me da más que igual. Porque a un corazón estúpido nunca le viene mal algo de cariño..

- Me encargaré de que así sea.


Y en ese instante le apretó la mano.
Es curioso lo intensos que son esos momentos tan tontos, algo que no dura más de cuatro segundos de tu vida y que se queda ahí, clavado para los restos.
En el cine, la mayoría de las historias de amor acaban ahí, porque lo más bonito no es contar lo que viene. Lo más bonito, es vivirlo.
  

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