- Soy tuyo. Dios, Jane. Soy totalmente tuyo.
- Yo siempre fui tuya. Lo sabes. Incluso antes de darme cuenta.
- Si es así vamos a vivirlo. No podría aguantar verte ir. No otra vez.
- No podemos vivir de ilusiones, Tom.
- Trabajaré. Ascenderé.
- No podrás hacerlo. No con un juez en contra y una esposa pobre.
- No me dejes.
Jane sonríe.
- Estuvimos a punto de saborear la felicidad, mi querido señor Lefroy. Pero no hemos nacido para tener un final feliz.
Quiere agarrarla y no soltarla hasta hacerle cambiar de parecer. Pero sabe que todo se cae. La mira, roto.
- Adiós, Tom.
Y a pesar de las lágrimas en los ojos. De las evidencias de sentirse derruída por dentro. A pesar de ello, sonríe, y no mira atrás. Sale de la habitación, y esta vez, para siempre.
Los años pasarían. Los hechos de ahora perderían el valor con los años. Todo se volvería un borroso recuerdo que importó alguna vez. La vida continuaría con su abrupto ritmo. La gente iría de aquí para allá, como siempre. Ella perdería el encanto. Él el brillo. Ella seguiría uniendo palabras. Entrelazando ideas sobre un papel amarillento con tinta pasada. La historia que podría haber protagonizado cogida de su mano. Ahora, solo podría esbozarla de una pluma entre sus dedos. Sobre ese papel. A partir de ahí, solo la guardaría ella. En su memoria.
Él la olvidaría. Ella no.
- Yo siempre fui tuya. Lo sabes. Incluso antes de darme cuenta.
- Si es así vamos a vivirlo. No podría aguantar verte ir. No otra vez.
- No podemos vivir de ilusiones, Tom.
- Trabajaré. Ascenderé.
- No podrás hacerlo. No con un juez en contra y una esposa pobre.
- No me dejes.
Jane sonríe.
- Estuvimos a punto de saborear la felicidad, mi querido señor Lefroy. Pero no hemos nacido para tener un final feliz.
Quiere agarrarla y no soltarla hasta hacerle cambiar de parecer. Pero sabe que todo se cae. La mira, roto.
- Adiós, Tom.
Y a pesar de las lágrimas en los ojos. De las evidencias de sentirse derruída por dentro. A pesar de ello, sonríe, y no mira atrás. Sale de la habitación, y esta vez, para siempre.
Los años pasarían. Los hechos de ahora perderían el valor con los años. Todo se volvería un borroso recuerdo que importó alguna vez. La vida continuaría con su abrupto ritmo. La gente iría de aquí para allá, como siempre. Ella perdería el encanto. Él el brillo. Ella seguiría uniendo palabras. Entrelazando ideas sobre un papel amarillento con tinta pasada. La historia que podría haber protagonizado cogida de su mano. Ahora, solo podría esbozarla de una pluma entre sus dedos. Sobre ese papel. A partir de ahí, solo la guardaría ella. En su memoria.
Él la olvidaría. Ella no.
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