domingo, noviembre 28

El tejado y la luna. La ventana y el viento. ¿Qué quedará de todo ello cuando yo me haya muerto?

Pero hay imágenes que permanecen adheridas a los ojos, como cristales transparentes, y que incorporan en el tiempo la sensación primera como si el ojo no fuera más que un simple espejo del paisaje y la mirada el único reflejo posible de sí mismo.

Aquel día, sin embargo, yo estaba lejos de sentir la melancólica añoranza que su recuerdo me trae hoy.

Quien negó que un te quiero es para siempre,
tal vez no aprendió a soñar.

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