domingo, agosto 15

Qué ingenuo, tiempo.


¿Has probado alguna vez a detener el tiempo?

Yo sí. Qué, ¿cómo?
Verás, en aquella naranja cocina, esa que nunca conocerás ni sabrás cual, tan tranquila siempre, había un reloj. Tan redondo como la luna cuando está llena, tan lleno de colores que se confundía entre la felicidad. Y un día, sin dar un previo aviso, sin decir nada, sus agujas puntiagudas siendo mensajeras del tiempo, se pararon. El segundero, tan animado siempre, con su continuo balanceo entre uno, dos y tres segundos, cesó de moverse. Pero yo no me noté distinta.
Y en ese instante de tiempo detenido para siempre, un corazón puso fin a su latir constante.


  • - Verás, cielo. El tiempo no se detiene. Es imposible, o mejor dicho, improbable. Solo se detendrá cuando tu alma dé el último respiro y alce el vuelo. Pero hasta entonces, no lograrás nada más alejado de eso. Así que aprovecha cada instante, por muy escaso y corto que sea, cuando sea hermoso, o incluso cuando sea horripilante, porque es lo último que queda cuando tu tiempo se detiene.

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